A las 7:00 fuimos directos a la Reserva de Biosfera de Calakmul. Desde la entrada donde pagas, hay como 60 km hasta donde estacionas el coche. Antes vimos un cartel de un sendero y recorrimos un tramo sin encontrar nada más que telarañas, un avispero y algún hongo.
Seguimos con el coche y, cuando llegamos a la zona de aparcamiento, ¡sorpresa! nuestros amigos fotógrafos de ayer, acababan de llegar. J. Alejandro González es, además de fotógrafo, biólogo. Y no hay nada mejor que visitar una reserva con un biólogo que se conozca la zona...
Seguimos con el coche y, cuando llegamos a la zona de aparcamiento, ¡sorpresa! nuestros amigos fotógrafos de ayer, acababan de llegar. J. Alejandro González es, además de fotógrafo, biólogo. Y no hay nada mejor que visitar una reserva con un biólogo que se conozca la zona...
Nos contó curiosidades y nombres de las aves, utilizó su móvil para poner sonidos y atraer a más bichos, perseguimos los cantos de un búho hasta encontrarlo y ver como lo molestaban unas "perlitas". Vimos monos aulladores dormidos en las ramas de los árboles debido al calor y, por supuesto, vimos las ruinas mayas y subimos a la pirámide Maya más alta de la península de Yucatan (y 2ª de México). Y hasta una Coralillo, una serpiente venenosa mortal (estaba atropellada en la carretera).
Todos ellos llevaban unas cámaras con unos objetivos gigantes y facilitaba mucho la visión de los animales. Hay que decir que en la reserva, que se extiende a más de 723.000 hectáreas, se pueden ver jaguares, pumas y hasta cinco de las 6 clases de felinos que habitan en México. Por supuesto que no vimos ninguno, pero un lugareño nos enseñó su casa dentro de la reserva y nos mostró dónde por las noches un jaguar suele ir a beber. Impresionante.
Después de comer en Xpujil, nos despedimos para seguir nuestro camino a Bacalar.
Después de comer en Xpujil, nos despedimos para seguir nuestro camino a Bacalar.
Ya oscurecía, así que aparcamos rápidamente en el parking de Kai Pez. Un lugar muy pintoresco. Nos pedimos unas naranjadas para tener excusa y bañarnos en la laguna. El agua dulce, caliente, sin olas y turquesa como las mejores fotos que se puedan ver en Internet. De fondo, música relajante, apenas gente en el agua y el cielo despejado. ¿Qué más podíamos pedir? Pues hay más. A la pregunta "eres español? " le siguió una conversación de más de dos horas con un señor de unos 50 años que resultó ser el dueño del local. Y ahí, mojados y arrugados como pasas, contemplamos un incendio (posiblemente una quema brutal de rastrojos) a pocos kilómetros, justo enfrente de nosotros. Tardó mucho en apagarse, y cuando lo hizo, sobre las 22 que además cerraba el bar y el señor ya se iba, nos fuimos a buscar alojamiento. Me voy a chivar, el dueño nos invitó a un mojito para hacer aún más perfecta la estancia.
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