miércoles, 10 de agosto de 2016

Mérida - Champoton - Calakmul - Xpujil



Salimos de Mérida hacía Champoton porque justo antes se ve el cambio de las aguas turquesas del mar Caribe a las oscuras del Golfo de México. En Champoton hicimos el idiota unos minutos en el muelle y la palapa para estirar un poco las piernas.






Seguimos el camino hacia la reserva de la Biosfera de Calakmul. Nuestro coche se bebe la gasolina cuando ponemos el aire acondicionado,  así que pasamos un calor espantoso en este largo viaje. Los halcones nos acompañaban planeando a escasos metros del coche. Justo antes de la reserva, hay unas cabañas muy monas por 300 pesos. La cama tiene una red antimosquitos porque las paredes no se unen con el techo de paja. Eran las 16, y no tenía intención ni de meterme ya en la cama ni de ser devorado por los mosquitos y no hay más opciones en las cabañas.  Así que fuimos a buscar más opciones. 
A la izquierda de la entrada a la Reserva, hay un camino de tierra que te lleva a un hotel con habitaciones a 2500 pesos, por lo que no vi más que la entrada. Seguimos la misma ruta y llegamos a Xpujil. El primer hotel tiene piscina y habitaciones decentes por 800 pesos. Más por desesperación del calor y horas de coche que por otra cosa, dejamos nuestras cosas y nos fuimos a comer y seguidamente hicimos el camino al revés para ver La cueva de los murciélagos. 
Nos equivocamos de camino y nos metimos a la izquierda,  por en medio del bosque, durante una hora hasta encontrar una zona donde darle la vuelta y regresar a la carretera.



La cueva está a la derecha cuando vas dirección Campeche.

 Justo en este camino es por donde hay que meterse.

Cuando llegamos, sobre las 19:00, en breve empezaba el espectáculo. La cueva se encuentra a unos 10 metros por debajo de donde nos situamos. Primero sentimos un olor desagradable producido por el levantamiento del vuelo. Y poco a poco vas viendo salir los murciélagos que forman un tornado negro que va creciendo en número de individuos y en altura cenándose cada insecto que encuentran a su paso, y no son pocos, insectos hay para todos. Es realmente espectacular. En el cielo escuchamos unos grititos que no son más que halcones que también quieren cenar. Estos son menos y acaban pronto, se acercan, cazan un par de murciélagos y se van a cenar a otro sitio más tranquilo.
Los murciélagos siguen saliendo de la Cueva en un baile que dura más de dos horas. Los más pacientes se verán envueltos en murciélagos cuando el cielo está completamente oscuro y, para mejorar la velada, las luces intermitentes de las luciérnagas te adornarán el espacio. Es conveniente llevar ropa larga, pero fresca, para evitar a los mosquitos, calzado cerrado (vimos arañas, estás en el bosque, cuídate) y un frontal para bajar cuando oscurezca. Yo iba de corto, con chanclas y sin linterna. Si hubiera leído esto antes...










Por suerte allí habían preparado una barrera y varias cámaras para fotografiar a los insectívoros a un nivel profesional nada más y nada menos que Pablo Bou Mira (www.pablobou.com), presidente de la Asociación Española de Fotografía de Naturaleza (AEFONA) y Sergio Pedrero, de Chiapas y presidente de la Comunidad Mexicana de Fotografos de Naturaleza (CMFN) con algunos colaboradores. Tuve la oportunidad de hablar con ellos y hasta echarles una mano sujetando el flash.


A cambio me contaron cómo organizarnos para ir a Chiapas. De verdad que la Cueva de los murciélagos es una experiencia GRATIS (y esto en México es muy raro) que merece mucho la pena. 
Para cenar pedí chilaquiles con salsa verde (puede ser también roja) en un bar del pueblo. Se ha convertido en uno de mis platos favoritos.




No hay comentarios:

Publicar un comentario