Recogimos a Bruno y Lili que viven en las afueras y nos fuimos a las grutas Tecoh (80 pesos). Provistos cada uno con un casco y una linterna que apenas alumbraba, nos adentramos con un guía que nos llevó por toda la cueva. la bienvenida nos la dieron los murciélagos y algún pájaro revoloteando. Viendo las estalactitas y estalagmitas y una roca con forma de tortuga, nos arrastramos por el suelo y nos dimos varios cabezazos contra las rocas (tuc. bendito casco) hasta llegar a un cenote grande, limpio, oscuro y vacío de gente. Había una zona de escalada que, aunque al principio me costó, al final conseguí treparla para saltar hacia el agua. Una sensación muy extraña porque no se veía apenas y no sabía cuando llegaría a golpear el agua.
A la salida nos fuimos por unos barrios donde a cada tope, y no hay pocos, muchas personas, en su mayoría niños, te asaltan con comida o carteles de sus cenotes. Bruno nos llevó al "cenote Tza-Ujun-Kat". Este tenia una gran obertura que permitía una visión completa y, por 20 pesos que costaba la entrada, no era de extrañar que estuviera lleno de gente y mucho más sucio que el primero. Al estar abierto, tenia más ventilación y el agua estaba más fría. A la salida, unas hormigas negras me mordieron los pies intentando arrancarlos para llevárselos a su cocina.
A la salida nos fuimos por unos barrios donde a cada tope, y no hay pocos, muchas personas, en su mayoría niños, te asaltan con comida o carteles de sus cenotes. Bruno nos llevó al "cenote Tza-Ujun-Kat". Este tenia una gran obertura que permitía una visión completa y, por 20 pesos que costaba la entrada, no era de extrañar que estuviera lleno de gente y mucho más sucio que el primero. Al estar abierto, tenia más ventilación y el agua estaba más fría. A la salida, unas hormigas negras me mordieron los pies intentando arrancarlos para llevárselos a su cocina.
Nosotros comimos en un local de enfrente. Hoy tocaba poc chuc y tzic de venado, con sus tortillas y agua de tamarindo, realmente bueno.
La última parada de la excursión fue Mayapan, unas ruinas arqueológicas mayas restauradas, muy limpias y cuidadas. Faltaban 15 minutos para cerrar y, al ser domingo, no nos cobraron. Hacía mucho calor, pero no nos impidió subir a la imponente pirámide que dominaba el terreno.
La última parada de la excursión fue Mayapan, unas ruinas arqueológicas mayas restauradas, muy limpias y cuidadas. Faltaban 15 minutos para cerrar y, al ser domingo, no nos cobraron. Hacía mucho calor, pero no nos impidió subir a la imponente pirámide que dominaba el terreno.


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