Cogí una bici deshinchada, con el pedal roto y sin posibilidad de ajustar el sillín, y miré por dónde podíamos ir con el coche para llegar al río rojo. Con el coche fuimos por el único camino que hay, lleno de ve baches y estos lleno la de agua por la lluvia. Un camino largo que termina sin previo aviso en un puente derribado. No estaba muy rojo, pero el río Huach tenía su encanto. Nos dijeron que cerca teníamos Xcalac, y allí fuimos.

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